
Los valores configuran nuestros principios e ideales como persona, nos conectan con nuestro alrededor y nos determinan. Cada persona establece una jerarquía de valores, en la que unos tienen más peso que otros y fija cómo debe actuar ante una situación tomando como base sus propios principios. Existen diferentes tipos de valores, que exponemos a continuación.
Los valores son las cualidades que mueven a una persona a tomar decisiones o actuar de un determinado modo. Son concepciones de la realidad que dirigen nuestro comportamiento. Nuestros valores son los que nos ayudan a definir qué es correcto o incorrecto, bueno o malo, perjudicial o beneficioso, etc.
En nuestra sociedad hay un relativo consenso acerca de ciertos valores, que todos compartimos, como puede ser el respeto. Sin embargo, no todo el mundo le otorga la misma importancia en su escala de valores. Los primeros valores que asimilamos son los que nos inculcan desde niños nuestra familia, como el amor o la gratitud; y, a medida que vamos creciendo y relacionándonos con la sociedad, completamos nuestra lista con valores sociales o éticos.
Por ejemplo, una persona que defienda vehementemente las tradiciones tiene una perspectiva distinta a aquel que apoye los cambios sociales o religiosos. Hay cuestiones muy polémicas en la sociedad donde, por el papel que juegan los valores en la conducta de las personas, existen dos posturas opuestas, como el aborto, la eutanasia o el intervencionismo militar.
Aunque cualquiera pueda suponer que los valores tienen un sentido positivo, también existen una serie de valores negativos o antivalores, como el egoísmo, que determinan la conducta de muchas personas.
Resulta útil catalogar los distintos tipos de valores, aunque hay que tener en cuenta que no son excluyentes, es decir, que se muchos de ellos se solapan. Un mismo valor puede pertenecer a más de una de las siguientes categorías.
Los valores personales son las pautas que cada persona implanta en su día a día, para definir su estilo de vida, su personalidad, alcanzar logros y satisfacer sus necesidades. Son imprescindibles para que las personas se guíen en su vida cotidiana.
Este tipo de valores se aplica en las actividades más sencillas, en cualquier ámbito y entorno de nuestra vida. El respeto, la tolerancia o la honestidad suelen ser los valores personales más comunes.
Cuando hablamos de valores universales nos referimos a todos aquellos principios que se estiman positivos por toda la población. Este tipo de valores son transversales a todas las capas de la sociedad y no los limitan la cultura, la religión o la clase social.
Los valores universales apoyan una convivencia pacífica y respetuosa en cualquier ámbito, como la familia, los amigos o los compañeros de trabajo. Algunos de estos valores son la bondad, la justicia, la honradez o el amor.
Los valores religiosos están determinados por la religión o la dogma que el individuo profesa. Estos principios están ligados a un sistema de creencias que, normalmente, se describen en textos sagrados.
Algunos ejemplos de valores religiosos pueden ser la caridad, la misericordia, la obediencia o la compasión.
Los ideales políticos de una personas determinan sus valores políticos, es lo que llamamos ideología, que ayudan a entender la política de una manera u otra. Están relacionados con la forma de gestionar los recursos públicos o las libertades de los ciudadanos.
Entre los valores políticos podemos encontrar soberanía, igualdad o seguridad.
Los valores familiares se componen por un conjunto de creencias y costumbres arraigadas en un entorno familiar y que se transmiten de generación en generación. Se caracterizan por los fuertes vínculos afectivos que se crean en una familia. Unos valores consistentes dotan de unidad y confianza a sus componentes, como pueden ser el respeto, la pertenencia o el compromiso.
Este tipo de valores determinan qué bienes materiales tienen más importancia para nosotros. Posibilitan que las personas puedan cubrir sus principales necesidades y disfrutar de una vida cómoda.
Estos valores los constituyen los alimentos, la ropa, los medicamentos, el dinero o la vivienda, que satisfacen necesidades como la salud o el ocio.
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