
Para cualquier estudiante es muy importante saber cómo administrar el tiempo de estudio. Planificar correctamente cuánto tiempo dedicarle a cada materia para ser productivo es fundamental para alcanzar los objetivos académicos. Sin embargo, es muy común que el tiempo agote y estar estudiando pocos minutos antes de un examen.
Fijar un calendario o un horario es una buena opción: se distribuye el trabajo en horas y/o días, así queda tiempo libre para hacer actividades extraescolares, disfrutar de los amigos o cualquier forma de ocio. Otra opción es establecer metas. Por ejemplo, hacer una tarea, estudiar un tema o terminar una determinada labor. Estableciendo objetivos nos motivamos y optimizamos nuestro tiempo y esfuerzo. Nos ayuda a racionar la cantidad de trabajo, por lo que no se acumula a final de curso o días antes de los exámenes.
Ha quedado claro que una buena organización es esencial para un correcto rendimiento. Pero ¿cómo organizar el tiempo de estudio? Aquí dejamos unos trucos que pueden servir, sin importar si estudias secundaria, en la universidad o preparas unas oposiciones.
Aunque creamos que podemos tener todo en la cabeza, es imposible, siempre hay alguna fecha que olvidamos. Apuntar en una agenda y echarle un vistazo periódicamente, nos ayuda a refrescar la memoria y tener presente cuándo tenemos un examen o es la fecha límite para entregar un trabajo. Es importante ajustarse a las actividades que tenemos adjudicadas para cada día, sino no nos sirve para nada tener una agenda.
Relacionado con el punto anterior, podemos utilizar la agenda para establecer qué haremos cada día. Es importante tener en cuenta en qué día de la semana estamos, para atribuir mayor o menor cantidad de tiempo. No es lo mismo un lunes que un sábado, puede que entre semana quieras dedicar más tiempo y los fines de semana dedicarte a algo menos trabajoso (o incluso tomártelos libres, si te organizas bien). Es recomendable dedicar unos minutos diarios a repasar lo que se ha impartido esa mañana en clase.
Tenemos que encontrar el horario en el que nos concentramos y rendimos más. Algunas personas rinden más por la mañana, mientras otras prefieren estudiar por la tarde o, incluso, por la noche. Aunque esto depende del horario que tengamos en el centro educativo, es un aspecto a tener en cuenta.
Por otro lado, debemos averiguar con qué asignaturas podemos comenzar y con cuales finalizar para que nuestro día sea fructífero. Por ejemplo, comenzar con Historia, que es más densa y necesita mayor nivel de concentración, y terminar haciendo algún ejercicio práctico de Inglés.
Aunque apliquemos todo lo anterior puede que se nos eche el tiempo encima. Por eso, es importante jerarquizar el trabajo pendiente para establecer prioridades. Así le dedicaremos más tiempo a lo que es más determinante o a aquellas pruebas que nos resulten más difíciles.
En aquellas materias en las que flaqueamos deberemos hacer mayor hincapié y dedicarle más tiempo que a la que somos sobresalientes.
Planificar los descansos es clave en los momentos de gran carga de trabajo, como puede ser la temporada de exámenes. En estos momentos es importante planificar al máximo el tiempo que dedicamos a estudiar. Lo recomendable es hacer descansos de media hora cada dos horas de estudio. Para que nuestro horario sea realista no podemos obviar que en algún momento tendremos que descansar.
Para conseguir cualquier objetivo hay que ser perseverante, y los estudios no es la excepción. Es complicado comenzar a estudiar sabiendo que quedan meses para un examen, pero seguro que cuando se acerque la fecha agradecerás haber sido constante a lo largo de los meses. Tampoco hay que obsesionarse con la constancia, si un día no es posible alcanzar el objetivo propuesto no pasa nada. Descansar y despejar la mente es casi tan importante como trabajar.
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