
Una crisis existencial puede alcanzarnos a cualquiera, independientemente de nuestras condiciones de vida. De repente, nos invade una sensación de vacío y un nudo nos encoge el estómago. Nos entran dudas sobre nuestro camino o propósito en la vida. Este estado puede ocasionarnos problemas psicológicos si no lo gestionamos correctamente. Sin embargo, si adoptamos la actitud adecuada, puede hacernos más fuertes.
A rasgos generales, una crisis existencial es un período de cuestionamiento interno en el que el individuo se replantea las razones de su existencia. Entonces, vienen a nuestra cabeza preguntas como ¿qué hago aquí? o ¿cuál es el sentido de mi vida?
Es decir, empezamos a cuestionarnos aspectos de nuestra vida que ignorábamos hasta el momento. Un estado que repercute directamente sobre nuestra conducta pero, ¿cómo?
Generalmente, cuando atravesamos una crisis existencial solemos estar más apáticos, ansiosos y mostramos desinterés a la hora de realizar actividades. Asimismo, otra conducta común es lanzarnos a probar cosas nuevas como un intento desesperado de llenar el vacío que nos invade.
Cuando se entra en una crisis existencial y no se tienen las herramientas necesarias para salir de ella, el problema puede desembocar en una depresión. Por ello, es muy importante la actitud que se tome ante ella.
Hay veces en la que no podemos afrontar los problemas por nosotros mismo, en ese momento es cuando hay que recurrir a la ayuda profesional. Cuando quedamos atrapados en esta crisis y no podemos cambiar nuestra visión del mundo, es el momento de recurrir a la ayuda psicológica a modo de guía en el camino hacia el redescubrimiento de las prioridades vitales.
En el transcurso de nuestra vida hay tres periodos en los que nos preguntamos más sobre el sentido de nuestra vida: a los 30, 40 y 50 años.
Suele ser un conflicto ligado a la identidad ocasionado por empezar a experimentar aquello conocido como “madurez”. El estrés en el trabajo, las relaciones de pareja y de amistad y las expectativas son los principales factores que desencadenan el conflicto interno.
En general, la década de los treinta está vinculada socialmente a ciertas presiones. Por ejemplo, las mujeres sienten la presión social de tener descendencia.
Quizá es una de las más conocidas. La crisis de los cuarenta está asociada a la concepción de ir dejando atrás la juventud. En ese momento, la persona empieza a cuestionarse si de verdad está aprovechando la vida, lo que genera angustia y ansiedad.
Al llegar a la década de los cincuenta las personas suelen sentir que su vida se les está acabando. Una sensación un tanto curiosa si tenemos en cuenta que no se trata más que del ecuador de esta.
Es una etapa en la que algunas personas empiezan a ser más conscientes del paso de tiempo, lo que desencadena frustración al dejar de sentirse igual de útil. Otro pensamiento común es considerar que lo mejor ya ha pasado.
A la hora de atravesar una crisis existencial es muy importante como actuemos para evitar que el problema derive en algo más serio. A continuación, una serie de consejos para sobrellevarla:
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