
La motivación es la fuerza que nos empuja a perseguir un objetivo y alcanzar las metas que nos proponemos. Existen varios tipos de motivación, dependiendo de cuál es nuestro propósito. Uno de estos tipos es la motivación extrinseca.
La motivación extrínseca o externa nace del deseo de recompensas externas, como puede ser dinero o reconocimiento. En el lado opuesto encontramos la motivación intrínseca, que nace del interior de la persona.
El estímulo que nos mueve a llevar a cabo una actividad o realizar un trabajo proviene del exterior, como una gratificación por nuestro esfuerzo. No nos mueve la ilusión de estar desarrollando un proyecto, sino el interés por la recompensa.
Este tipo de motivación lo podemos encontrar en el ámbito laboral. Un ejemplo muy ilustrativo son los incentivos económicos en el trabajo, por los que el empleado cobra comisiones por alcanzar objetivos. Pero existen otro tipo de incentivos que contribuyen a que el trabajador se sienta valorado como son las oportunidades de ascenso o el reconocimiento de los logros.
Lo recomendable es despertar en el trabajador motivación intrínseca, vinculada al desarrollo personal y la autorrealización. Si la motivación es únicamente extrínseca el rendimiento de la persona irá disminuyendo, indistintamente del ámbito al que nos refiramos.
Una persona que comienza una actividad con motivación interna, si se añade motivación externa, disminuirá su productividad porque siente que el placer de realizar la tarea se ha convertido en una obligación.
Una persona que se pregunta a sí misma “¿qué voy a ganar?” antes de ejecutar una tarea se está impulsando por motivación extrínseca y será ésta la que le ayude a perseverar en el trabajo.
Cobrar un salario a final de mes en el puesto de trabajo es el ejemplo más claro de este tipo de motivación. Otro podría ser el reconocimiento por ganar una competición académica o conseguir la aprobación de alguien por conseguir una buena calificación en una prueba.
Los investigadores Edward L. Deci y Richard Ryan formularon en la década de 1970 la teoría de la autodeterminación (SDT) sobre la motivación humana y las necesidades psicológicas de las personas.
Deci y Ryan definieron la subteoría de la integración orgánica (OIT), dentro de la SDT, para dar explicación al proceso de motivación extrínseca. La OIT determina cuatro tipos de motivaciones extrínsecas:
La motivación está plenamente enraizada en factores externos. No existe ningún tipo de motivación interna, sino que la persona se mueve en busca de gratificaciones.
La persona se siente motivada por mantener un alta autoestima y sentirse autorrealizada, no porque realmente sienta ilusión por el proyecto. El ego juega un papel fundamental. El comportamiento introyectado no nace en el interior de la persona, sino que se percibe externo.
Es una fase más autónoma de la motivación externa, aunque realiza la labor por motivos ajenos. La persona tiene el poder de influir en la recompensa que va a recibir como consecuencia de su trabajo, por lo que considera que es personalmente importante.
La motivación que mueve a la persona es prácticamente intrínseca y considera suyo el objetivo. La diferencia radica en que la actividad no ha comenzado a realizarla por satisfacción propia, sino porque se la han encargado u ordenado.
De los cuatro tipos, la motivación por integración es la que hace que la persona sea más productiva.
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