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DESOBEDIENCIA INFANTIL

Es común que los niños muestren problemas de comportamiento como berrinches, desafíos, malas contestaciones o no escuchar a sus padres. Esto forma parte del crecimiento del niño y la necesidad de probar las pautas y expectativas de los adultos. Es una forma que tienen de aprender y descubrirse a sí mismos, expresando su individualidad y logrando un sentido de autonomía. A medida que aumenta su independencia y se involucran en conflictos menores con sus padres, descubren los límites de las normas y de su propio autocontrol. Muchos padres están familiarizados con estos comportamientos desafiantes que los niños ejercen a medida que maduran; pero también es habitual que aprendan a controlar sus impulsos y a marcar los límites.

Sin embargo, cuando los niños desarrollan patrones repetidos y persistentes de ira, desafío, problemas para manejar y regular sus emociones, e incluso comportamientos hostiles o agresivos hacia adultos u otros niños, puede que nos encontremos ante un trastorno negativista desafiante, y en ese caso es necesario tomar medidas. La principal diferencia respecto al comportamiento desafiante de un niño típico es básicamente una mayor intensidad, frecuencia, continuidad y dificultad para controlar su comportamiento disruptivo. Niños con este trastorno suelen:

  • Perder los estribos con facilidad
  • Discutir con adultos
  • Desafiar activamente o negarse a cumplir las reglas de los adultos
  • Molestar deliberadamente a otras personas
  • Culpar a otros de sus errores o mal comportamiento
  • Ser extremadamente susceptibles por los demás
  • Sentirse enojados y resentidos
  • Ser rencorosos o vengativos.

Además, es probable que se vean inmersos en frecuentes conflictos sociales con padres, hermanos, profesores y compañeros, y situaciones disciplinarias en el colegio. En muchos casos, sin una intervención temprana, estos síntomas empeoran con el tiempo, y a veces se vuelven lo suficientemente graves como para ocasionar un trastorno de conducta.

¿Qué se puede hacer con un niño desobediente?

El primer desafío para ayudar a un niño a gestionar mejor su comportamiento es comprender por qué está haciendo lo que están haciendo. De la misma manera que muchas cosas pueden causar dolor de cabeza o fiebre, los arrebatos frecuentes pueden reflejar una serie de problemas subyacentes diferentes.

Es crucial entender qué hay realmente detrás de los problemas de comportamiento de la infancia para tratarlos de manera efectiva. En muchos casos, el mal comportamiento, casi explosivo, proviene de la ansiedad o la frustración. El divorcio, la separación, el nacimiento de un hermano, un cambio de centro educativo o los conflictos graves dentro de la familia podrían estar detrás de ese comportamiento. En otros casos, se debe a expectativas irracionales de los padres o al propio temperamento del niño.

Cubierto ese primer desafío, es aconsejable la terapia familiar, el asesoramiento de un profesional que ayude a establecer un estilo educativo adaptado a las necesidades del menor y la familia, para facilitar la interacción entre padres e hijos, así como enseñar a los padres a fortalecer la relación con sus hijos, y aprender técnicas y estrategias para manejar el mal comportamiento del menor. Para lograr estos objetivos es necesario contar con la ayuda de un especialista infantil.

¿Cuándo buscar ayuda profesional?

Existen algunas situaciones en las que puede ser necesario asesoramiento especializado:

  • Si hay un patrón persistente y duradero de falta de respeto a la autoridad, tanto en la escuela como en el hogar.
  • Si los patrones de desobediencia continúan a pesar de los mejores esfuerzos de los padres para alentar a su hijo a comunicar sus sentimientos negativos.
  • Si la desobediencia y/o falta de respeto de un niño se acompaña de agresividad y destructividad.
  • Si un niño muestra signos de infelicidad generalizada, tal vez hablando de sentirse triste, desagradable, sin amigos o incluso suicida.
  • Si su familia ha desarrollado un patrón de respuesta a desacuerdos con abuso físico o emocional.
  • Si cualquiera de los padres o el hijo consumen alcohol u otras drogas para sentirse mejor o lidiar con el estrés.
  • Si las relaciones dentro de la familia muestran signos de dificultad y falta de cooperación, entonces puede estar indicada la terapia familiar. Al tratar y resolver estos problemas a una edad temprana, se puede minimizar e incluso prevenir luchas más serias que pueden surgir a medida que los hijos llegan a la adolescencia. La clave es la identificación temprana y la intervención.

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